Yoga y emociones

Yoga y emociones

Estamos muy acostumbradxs a vivir desde polaridades que separan: lindo/feo, bueno/malo, blanco/negro; y a clasificar todo el Universo conocido en ellas. Cuando algo nuevo aparece, rápidamente lo encasillamos también. Y si no encastra muy orgánicamente, nuestra mente se encarga de buscar los conceptos, ideas y sensaciones que lo acomoden a lo que venimos pensando.

Las emociones no son la excepción. Habitamos cada día emociones “buenas” que nos dan una sensación de bienestar y plenitud y “malas” que nos generan estrés y dolor.

Sin embargo, la emoción es simplemente un mensaje del cuerpo, una respuesta que se genera ante algún estímulo interno o externo. La interpretación mental que hagamos de ella estará ligada a nuestras creencias, experiencias previas, mandatos socio-culturales, etc.

Entonces es importante que puedas observar tus emociones, escucharlas, registrarlas y que puedas elegir cómo transitarlas, vivirlas, trabajarlas, pensarlas, sentirlas.

Por ejemplo, el enojo. Una emoción cargada de energía, de fuego, de explosión que, si la canalizás de una manera saludable, puede ser motor de cambios y transformaciones simples y profundas.

 

Desde el Yoga trabajamos la ecuanimidad, entendiendo que las cosas simplemente son cosas… que cambian todo el tiempo; y que el resto es nuestra mente. Y podemos observar las cosas a conciencia y elegir percibirlas como una suma, como algo que nos haga sentirnos más libres, que aumente nuestro potencial… o no.

No hay entonces emociones buenas o malas en esencia, hay emociones. Y vivir presentes nos brinda la oportunidad de ser conscientes de ésto y transitar los procesos de gestión emocional que se nos propongan desde el crecimiento y el aprendizaje.

La práctica cotidiana y sostenida de Yoga nos lleva a ver nuestras emociones y a hacernos cargo de lo que nuestra mente crea a partir de ellas. Nos devuelve en cada respiración el poder de elegir. Nos recuerda que hay muchas cosas que no podemos manejar y debemos aceptar, pero que nuestra percepción es una de las que sí podemos (re)(de)construir cada vez. 

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