La práctica de Ashtanga se propone como un método a ser realizado diariamente, dejando un día de descanso a la semana al cuerpo en las asanas (posturas). Como todo hábito, se construye con constancia y disciplina. Sin embargo, para que estas actitudes surjan creo que es fundamental la motivación.
¿Por qué practico? Va a ser la pregunta base para construir una práctica sostenible. Practicás porque es necesario observarte, registrarte y volverte consciente de cómo estás en cuerpo, mente, emociones, energía y espíritu.
Practicás porque es importante mantener un cuerpo sano, una respiración regular y simple y una energía con alta vibración y todo eso existe sólo en una mente tranquila. Practicás porque es fundamental aquietar tu mente para desmalezar el camino que te lleva a ser quien realmente sos.
Teniendo esa respuesta clara desde tu singularidad en relación con la práctica hay algunas cosas que pueden ayudarte a construir la disciplina:
–Lugar de práctica: tener un espacio fijo dedicado a la práctica ayuda. Se construye un ritual en relación al lugar (su limpieza, su preparación, la eliminación de la mayor cantidad posible de distractores) que ya nos va metiendo en la práctica. Nos ahorra el tiempo de decidir dónde practicaremos. Incluso si podés dejar tu mat desplegado, mejor; sino asegurate de que quede bien a mano siempre.
–Tiempo de práctica: tener un horario fijo de práctica ayuda a establecer una rutina; con flexibilidad cuando no podemos cumplirlo. Dejar en la agenda cada día tiempo reservado a tu práctica es fundamental. No importa si son 5 minutos, es preferible hacer un poquito cada día a practicar mucho una sola vez.
–Punto justo de flexibilidad: la práctica de Ashtanga, sobre todo de asana, es bastante estructurada y no todos los días estamos con la misma disponibilidad para hacer todo; entonces es importante encontrar el punto justo de flexibilidad entre lo que siento orgánico hacer ese día y lo que el método propone. Es importante explorar profundamente ese “punto justo” porque la mente va a ponerse a jugar con ese concepto para hacer más de lo que le gusta y evitar lo que no.
-Prioridades: una profe una vez me dijo que lo ideal es que la práctica sea tu segunda prioridad en la vida. Si fuera la primera tal vez favorecería más al apego. Ordená tus prioridades cada día e incluí ahí tu práctica.
–Cuando haya cansancio, hacelo fácil. La propuesta es practicar siempre. Entonces, cuando hay cansancio practicamos con cansancio; cuando hay malhumor practicamos con malhumor, cuando hay desgano practicamos con desgano… En esos días, simplificá tu práctica. Hacela fácil, con el menor esfuerzo; siempre dando lo mejor que podés en esa situación.
–Quedate con las ganas: cuando sientas que te falta motivación, dejá más para mañana. La idea es que la práctica te deje con el punto justo de energía, sin cansancio ni sobreestimulación. Tu práctica tiene que ser amorosa para que al día siguiente te den ganas de subirte al mat nuevamente. Tenés que ser un buen amigx de vos mismx cuando practicás.
-Subite al mat todos los días: cuando llega la hora de practicar y faltan ganas, subite al mat. Así, sin esperar nada. Sin pensar en qué vas a hacer. Sólo parate sobre el mat y permitite ser. Muchas veces terminarás practicando.
Tené en cuenta que la práctica no es sólo asana; también es yamas, niyamas, pranayama, pratyahara, dharana y dhyana. Entonces también podés ir jugando en su combinación. Si un día el cuerpo está poco disponible para el movimiento, tal vez tu práctica de asana sea cortita y puedas alargar tus pranayamas o tu tiempo de meditación.
La práctica siempre se adapta a vos, estés como estés.
