Algo de mi camino con el Ashtanga
Cuando mi profe de Hatha me invitó a una clase de Ashtanga pensé que hacer siempre lo mismo me iba a aburrir. Creía que no era constante o disciplinada porque eso me sacaba libertad. No entendía de procesos, todo era ya. Y el mundo lo aprecia tanto! Producir por producir! Y a mí que siempre me gustó hacer y hacer (lunita natal en Aries).
Y en un momento sentí que tenía la posibilidad de empezar mi vida de cero; un reseteo obligado. Al principio, incertidumbre profunda. Pero yo sentía que eso era puro potencial: podía armarme de nuevo como quisiera.
Arranqué.
Resultó ser que hacer siempre lo mismo nunca fue hacer siempre lo mismo.
Resultó ser que empecé a practicar también por fuera de las clases, pero ya no era por hacer, era por deseo.
Revisé mis conceptos de constancia y disciplina; también de libertad.
Empecé a notar que en el mat “pasaban cosas”: después de incontables intentos una postura un día PUM! salía. Y al otro día, PUM! No salía! Eso de que no importa el resultado empezó a presentarse.
Empecé a notar que en la vida también “pasaban cosas”: cómo reaccionaba cuando aparecía algo nuevo, qué sentía cuando algo no me salía como quería, qué hacía cuando me tenía que quedar en la incomodidad. Eso de conocerse a unx mismx. Qué crudeza a veces!
Y encontré profes y compañerxs inspiradorxs. Nos abrazamos, compartimos; como cada día nos encuentre, nos encontramos.
La práctica arrasó, sacó, puso: inversiones, torsiones, equilibrios, fluidez, fuerza, registro, flexibilidad, foco, miradas, silencio, respiración, posibilidades, autopercepción, prejuicios, escucha, confianza, miedo, dudas, incertidumbre, impermanencia, transformación, incomodidad. Y no hablo sólo de posturas de yoga.
Me siento muy afortunada y agradecida por haber conocido la práctica, por la gente que me acerca, por poder estar disponible y ponerle esfuerzo, apertura y sonrisas. Y por dejarle lágrimas y esfuerzo también!
Que la dulzura te acompañe
Es clave pasar por el cuerpo que en la suavidad también hay firmeza.
Que el equilibrio es tan dinámico, contextual y momentáneo que inevitablemente necesita de un juego de fuerzas distinto en cada momento.
Confiar en la propia percepción del cuerpo y en lo que la práctica constante y sostenida acerca -esa conciencia que nos conecta a nuestro centro- se hace cada vez más necesario.
La fuerza justa con la suavidad justa; con nosotrxs mismxs primero, para espejarlo afuera después.
Cerrando la etapa escorpio del año: es inevitable morir para renacer.
Escorpio mete fuerza a lo profundo para mutar, le queda a nuestra conciencia el trabajo de poner la suavidad y la pausa que necesitemos para ayudar a ese proceso con dulzura interna. Y que venga Sagi a meterle fuego!

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