En la cancha se ven los pingos
Cuando estudiamos los textos tradicionales vinculados al Yoga nos encontramos muchas veces con la idea del “yoga del bosque”, asociada a los Yoga Sutras de Patanjali, y del “yoga de la acción”, asociada a la Bhagavad Gita.
Patanjali propone una práctica de Yoga con foco en el trabajo mental, orientada a reducir los movimientos de la mente. La búsqueda es atenuar la actividad interna. Antiguamente, los yoguis se retiraban al bosque a hacer ese trabajo, renunciando para ello a su vida mundana: trabajo, familia, casa, etc.
En la Gita, Krishna (uno de los personajes principales de la historia) invita a una práctica en la que buscamos hacer lo correcto desde el camino del medio. La metáfora es la del campo de batalla que nos pone a prueba, despertando preguntas y desafíos, poniéndonos a elegir entre situaciones difíciles y situaciones aún más difíciles. La búsqueda va a poner en acción en la vida la práctica yóguica.
Lejos de tratarse de categorías alejadas o comparables, estas miradas se integran en la propuesta de practicar Yoga en el hacer y en el dejar de hacer; así como practicamos la conciencia en el movimiento y en la quietud. Son distintos estados dentro un mismo proceso, como lo son la inhalación y la exhalación; interdependientes una de la otra.
Si me quedo sólo practicando la calma interna corro el riesgo de desconectarme del afuera. Si sólo batallo corro el riesgo de perderme. El camino del medio trata un poco de eso. Me entreno para poder mirar adentro y afuera con el mismo amor, la misma compasión, la misma empatía, presencia y paciencia.
Observo mi mundo interno para conocerme y saber cómo estoy, qué está pasando ahí. Desde ese registro transformo y mantengo lo que necesite. Del mismo modo, veo lo que pasa afuera: vínculos, trabajo, cosas, estímulos; que no son ni más ni menos que espejos de lo que sucede adentro. Desde esa presencia transformo y mantengo lo que necesite junto con les otres.
Así es que el yoga se instala en la vida como una práctica que inunda el hacer y el dejar de hacer en mi adentro y en mi afuera. Ahí es que el significado de Yoga -unión, integración- se hace presente en el cotidiano. Nada queda por fuera, porque, al final de cuentas, todas son manifestaciones distintas de una misma energía.
La separación siempre es mental: separamos la vida en etapas, en áreas, en momentos, en categorías (bueno / malo, lindo/feo), en roles, en vínculos. Esas distancias conceptuales a veces son necesarias para vivir afuera, pero el adentro se pierde un poco en esas definiciones. Por eso el Yoga nos lleva siempre a unir(nos) desde la experiencia directa de su práctica.
Meditamos, luchamos, descansamos, leemos, analizamos los conceptos, los damos vuelta, acomodamos, desacomodamos, vamos, volvemos; pero en la cancha se ven los pingos. No hay secretos, no hay atajos ni ingredientes mágicos: práctica consciente.
El yoga es experimentarnos desde la conciencia de unidad (adentro y afuera también es una separación mental), desde el misterio de sentir que somos más que esas experiencias y lo que pensamos de ellas, hacemos con ellas o dejamos de hacer a partir de ellas.
La práctica del yoga en estos términos nos da libertad porque nos lleva a despegarnos de las ideas, las emociones, los mandatos, las sensaciones o las creencias que muchas veces nos limitan y condicionan. En última instancia no soy “eso” que experimento. Si soy consciente de que justamente lo estoy experimentando es porque soy otra cosa que no es “eso”.
En la cueva en medio del bosque, en la batalla del cotidiano o en el matt siempre estamos experimentandonos a nosotres mismes, en directo o en espejo. El Yoga es el camino para volver a nosotres. Te espero para caminarlo juntes!

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